Palabrajes: «teo(cnó)logo».
Si te has topado con algún teocnólogo lo habrás reconocido inmediatamente.
Miran la vida en cerosyunos; para ellos los usuarios son el peligro, el verdadero virus; hablan una lengua muy rara, el maquinés, una mezcla de siglas y palabras traídas directamente de un inglés técnico nada intuitivo; su espíritu es lo contrario al de la persona que sirve, sí, la persona que está ahí para prestar un servicio a quienes les paga el sueldo.
No hacen ningún esfuerzo por hacerse entender.
Son soberbios. Te crujen a «funcionales» y no te dan feedback cuando los reciben. Te das cuenta de los errores cuando te envían el trabajo y tú, que eres el que pagas la fiesta, tienes que revisar su trabajo al más puro estilo kindergarden mood.
Se creían dioses; cobraban salarios astronómicos; zero fidelidad a los proyectos; vedettes encaprichadas … y ahora se ven perdiendo el mango de la sartén: se aproxima su «claudecación».
Justicia poética.
Palabrajes, paisajes de palabras, no son palabrejas.
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