El propósito de cualquier organización es un triste verso solitario, que no alcanza plenitud hasta que conecta con el propósito del público al que sirve. Entonces el verso se torna poema y nos cuenta que las organizaciones plenas no conciben a las personas como simples datos para festín de la inteligencia artificial, sino como relatos complejos alimentados por la inteligencia ética que desplegamos al vivir en sociedad, ese gran salón de baile donde danzan el yo y el nosotros sin anularse, reconociéndose el mutuo interés.

Continuará.

 

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