La música es una experiencia envolvente, nos acompaña. Y, a la par, viaja en nuestras entrañas. Nos habita.

La música se crea; se toca; se escucha; se baila; se canta; se ve; se disfruta; se descubre; se comparte; se discute; se compra; se regala; se recuerda; se ríe; se llora …

Se vive en vivo; se ve en la tele; se escucha en la radio; cuando conduzco, cuando cocino, cuando estudio … En casa; fuera de casa; cuando hago deporte; hablo de música con mis amigos; escucho a entendidos; mis músicos favoritos son personas a las que admiro; la tengo en soporte físico; en todo tipo de dispositivos …

Está con nosotros desde la noche de los tiempos y la tecnología actual nos permite un acceso casi ilimitado y ubicuo. Surge la pregunta: ¿qué valor otorgamos a la música hoy, en una sociedad conectada en Internet?

Con el ánimo de contribuir con respuestas a esta macro-pregunta usando las ciencias sociales, BIME promovió durante la segunda mitad de 2013 un estudio sociológico que profundiza en el conocimiento de los aficionados a la música en España: cuántos son, quiénes son, con qué intensidad lo viven, cómo se relacionan con ella desde que Internet llegó a sus vidas, cuándo pagan y cuándo no …

El estudio, realizado por el equipo de investigadores de Two Much research studio, ha empleado métodos de investigación cualitativa (focus groups) y una encuesta entre una potente muestra aleatoria de 3.800 participantes, representativa de los 17 millones de internautas españoles de 16 a 54 años que usan Internet a diario.

Hoy publicamos aquí la primera entrega de una serie de artículos donde iremos desgranando y compartiendo las conclusiones de esta investigación. Y por ser la primera entrega vamos a empezar dimensionando el campo de juego: ¿Nos interesa la música a todos por igual?

La respuesta es no. Llegamos a ese “no” después de analizar las opiniones aportadas por los participantes en dos preguntas sencillas:

Pregunta 1: ¿Con cuál de estas frases te sientes más identificado/a?
• La música es para mi una pasión. No podría vivir sin escuchar música.
• Me encanta escuchar música, aunque no me considero un/a apasionado/a de la música.
• Escuchar música me gusta, pero tampoco es algo tan importantísimo en mi vida.
• Francamente, la música no me atrae gran cosa.

Pregunta 2: Respecto a la música en vivo ¿con cuál de estas frases te sientes más identificado/a?
• Es de las cosas de la vida con las que más disfruto.
• Me gusta, aunque puedo pasar sin ello.
• La música en vivo no me atrae gran cosa.

Figura 1.

Figura 1_1

Al estudiar las respuestas de los 3.800 participantes en estas dos preguntas hemos identificado la existencia de un gradiente compuesto por cinco segmentos de afición a la música (figura 1). Son estos:

Segmento NÚCLEO: denominamos así a las personas que se consideran apasionados de la música en general y, además, son amantes de la música en vivo. Suman el 17,9% de los internautas españoles de 16 a 54 años. Sin duda, como veremos a lo largo de los próximos artículos, representan el público más permeable a todas las iniciativas vinculadas con la música: “strimean” más, descargan más, compran más, asisten más a conciertos y festivales, …

Segmento SOCIALES: con este nombre nos referimos a ese 10,2% de internautas que sin ser tan apasionados de la música como los anteriores, sí son igual de amantes de la música en vivo. Interesante grupo de personas para quienes el máximo atractivo de la música reside fundamentalmente en la experiencia vivida en conciertos y festivales.

Segmento AUDICIÓN: lo integran el 16,5% de los internautas. Se trata del perfil complementario al anterior, pues aunque no son muy amantes de la música en vivo pero sí son apasionados de la música. Si pudiéramos fundir un aficionado del segmento Sociales con otro de Audición daría como resultado un aficionado del segmento Núcleo.

Segmento TIBIOS: está formado por el 29,5% de internautas que tienen un claro interés por la música pero no se consideran apasionados ni de la música en general, ni de la música en vivo.
Segmento FRÍOS: donde se encuadran el 25,9% restante, para quienes la música no es tan importante en sus vidas.

Figura 2.

Figura 2_1

 

Figura 3.

Figura 3_1

Cuando observamos cómo se distribuyen estos cinco segmentos de afición a la música por los diferentes grupos sociales podemos llegar a las siguientes conclusiones

1. Hombres y mujeres son iguales ante la afición a la música. No hay diferencia de género (figura 2)

2. Tampoco se aprecia ninguna influencia relevante de la situación económica personal. La mayor o menor afición por la música se extiende por igual entre todo tipo de bolsillos (figura 3).

3.  El nivel de estudios ejerce una influencia moderada. Los internautas con estudios universitarios tienen ligeramente más afición a la música que aquellos con estudios medios; y éstos más afición que quienes tienen estudios básicos (figura 3), indicando que el grado de exposición a la música guarda cierta relación con el nivel educativo-cultural de las personas.

4. Lo que todos intuimos: se aprecian notables diferencias generacionales. La afición a la música crece cuanto más joven es el público, y los segmentos atraídos por la música en vivo (núcleo y sociales) destacan especialmente entre los menores de 35 años (Figura 2). Surge una pregunta que dejo en el aire: ¿dentro de 20 años veremos una foto así, o el gradiente de afición a la música se habrá homogeneizado entre todas las generaciones?

5. Y, finalmente, los datos nos indican la fuerte correlación existente entre el grado de afinidad a Internet y la afición por la música. Hemos clasificado a los internautas en cuatro segmentos de mayor a menor afinidad hacia Internet: intensivos, entusiastas, moderados y fríos. La figura 4 nos muestra cómo crecen los segmentos de mayor interés por la música (núcleo, sociales y audición) entre los segmentos más afines con Internet (intensivos y entusiastas), poniendo de relieve que Internet y la música son dos fenómenos que se prestan mutuamente poder: la música encuentra en Internet el cauce para expandir su influencia; Internet encuentra en la música una razón poderosa para conectar personas.

Figura 4.

Figura 4_1El valor de la foto de la figura 4 es que lo vemos plasmado sencilla y rotundamente. Esa foto nos ayuda a entender cómo la llegada de Internet a nuestras vidas está cambiando tanto y tan rápido el modo en que los más aficionados se relacionan con la música. La magnitud y la velocidad del cambio se ven favorecidas porque los internautas más avezados son también los más aficionados a la música, haciendo que los contenidos musicales se encuentren entre los que más circulan por la red de redes.

Por ello hemos dedicado varios meses del año 2013 a entender ese triángulo: la Música, Internet y Yo.

En próximos artículos iremos compartiendo los principales hallazgos de nuestra investigación para aportar nuestras respuestas a la pregunta que nos ha guiado: ¿qué valor otorgamos a la música hoy, en una sociedad conectada en Internet?

En la segunda entrega hablaremos sobre streaming, descargas gratuitas y compra de música grabada. Todo ello bajo el foco de los cinco segmentos de afición a la música.

Para ver o descargar la metodología empleada en el estudio:

 

Para ver o descargar los gráficos usados en este artículo:

 

Este post fue publicado originalmente en el site de BIME 2014.

http://bime.net/la-musica-internet-y-yo-nos-interesa-la-musica-a-todos-por-igual/

 

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11 Responses to ¿Nos interesa la música a todos por igual?

  1. […] ¿Nos interesa la música a todos por igual? […]

  2. Sergio dice:

    La encuesta tiene en cuenta varios factores de influencia que considero bien atendidos. Ahora bien, como toda estadística tiene sus lagunas. En las conclusiones señaláis que la edad es un factor fundamental en el interés musical, siendo el intervalo más comprometido entre 16 y 34 años. Precisamente las edades más influenciables por los círculos profesional y personal, sobre todo la pareja. Podría enumerar en este momento varios casos de sujetos representativos de esa muestra que han modificado sus hábitos culturales (aceptando que la música es el principal hábito cultural junto al cine) por la influencia temporal de su entorno.

    Si yo estaba acostumbrado a consumir música tanto grabada como en directo y llevo tiempo sin hacerlo porque he dedicado esos recursos a mi nuevo entorno; o si era un ignorante en estos temas pero mi nuevo círculo me ha llevado a aparentar unos intereses, y dedico parte de mis recursos a financiarlos: ¿puedo dar validez a este estudio o debo replantearme que el consumo de música viene asociado generalmente a movimientos de masas, siendo imposible valorar el interés real por esta actividad?

    Soy músico y la enorme mayoría de los asistentes a mis conciertos fueron acompañando a algún amigo. Más de la mitad ni conocían el grupo que daba el concierto, y muchos desconocían el estilo de dicho grupo, pero algunos podían haber asistido a uno o dos conciertos más en ese mes en similares condiciones.

    Mi experiencia me demuestra que el consumo (que no interés) musical responde generalmente a motivos más esnobistas y a la fuerza que experimenta el grupo, y no tanto a inquietudes personales, dignas de un escasísimo número de aficionados.

    • Gracias Sergio por tu comentario y bienvenido al blog :)

      Voy a publicar varios artículos hablando sobre la relación de la gente con la música. La palabra “consumo” se me queda corta cuando hablamos de música, por eso prefiero hablar de “relación”, donde a veces está presente el dinero, y a veces no. Si te interesa el tema podemos conversar más un poco más adelante cuando los dos vayamos teniendo la misma información. Por ello, comparto contigo este post para cuando tengas un hueco: http://inteligenciaetica.com/2014/08/aqui-no-compra-musica-ni-dios/

      Saludos
      (Yo conozco a un Sergio que es músico, concretamente saxofonista. Un crack).

  3. Juanma dice:

    Sergio ha apuntado algunas cuestiones interesantes, pero en todo esto -y especialmente cuando tratamos únicamente con estadísticas- quedan fuera multitud de variables cualitativas. Por ejemplo, me es difícil comprender como puede existir un “amante de la música en vivo, pero no apasionado de la música” ¿qué diferencias se establecen entre “amante” y “apasionado”?

    Me ocurre lo mismo con el otro artículo que Luis Miguel comenta (“Aquí no compra música ni dios”) en el que se dice al final que la música en directo “se adentra dónde no puede llegar la música grabada”, cuando la realidad es que simple y llanamente el aficionado puede acceder a través de internet a toda la discografía de un músico en un par de clics y por eso después va a verlo en directo. Lo ha escuchado antes y no parece que haya tenido que elegir entre música y música en directo.

    De cualquier forma y al margen del debate, lo cierto es que tenéis material más que interesante en este blog, ¡enhorabuena!

    • Hola Juanma, bienvenido al blog.

      Te comento mi punto de vista. La investigación social cumple su papel cuando produce nuevas preguntas en la gente. Por ejemplo, lo que te pasa a ti cuando te preguntas cómo puede existir un amante de la música en vivo, pero no apasionado de la música. Pues sí, existen personas (en torno al 10% de los internautas) a quienes les encanta la música en vivo principalmente porque es un momento de sociabilidad, una vivencia compartida con los amigos y el resto de asistentes al evento. No tienes más que ir a los festivales de verano que se celebran en España y verás cómo hay personas que han pagado su entrada para disfrutar de un tiempo festivo-vacacional pero es (muy) posible que no hayan escuchado nunca los nombres del 95% de las bandas que están anunciadas en el cartel.
      Ese perfil de personas existe y cuando hacemos investigación social (no sólo estadísticas) lo descubrimos. Si no hacemos investigación, seguimos guiados por nuestros pre-juicios.

      Para entender porqué escribí eso de que se “adentra dónde no puede llegar la música grabada” te sugiero que visites estos dos artículos que he publicado recientemente. Ahí está todo explicado y creo que te van a interesar:

      Pagar y no pagar. No hay ningún dilema:
      http://industriamusical.es/la-musica-internet-y-yo-pagar-y-no-pagar-no-hay-ningun-dilema/

      El dinero de la música vive en dos palabras: gratitud y comunión.
      http://industriamusical.es/la-musica-internet-y-yo-el-dinero-de-la-musica-vive-en-dos-palabras-gratitud-y-comunion/

      Me encantaría seguir debatiendo!!

      Muchas gracias por tu aportación. Un saludo :)

      • Juanma dice:

        Gracias Luís Miguel, con tu permiso continúo un poco más el debate, que me parece bastante interesante:

        – Vaya por delante que por supuesto soy consciente que la investigación es necesaria. Soy historiador y técnico de proyectos de I+D+i, así que como puedes imaginar conozco y estoy habituado a trabajar con distintas metodologías y con proyectos de investigación.

        – Entiendo lo que comentas sobre ese perfil que va a festivales sin conocer a muchas músicos, pero me pregunto si ese perfil es aplicable a todos los festivales, porque quizá sí encaje en el FIB pero puedo asegurar que no lo hace en Sonisphere, Azkena y algunos pequeños festivales de jazz y blues, como el de Cazorla o Almuñécar. Y si hablamos de presupuesto y público el Sonisphere en Francia o Gran Bretaña por ejemplo supera con mucho festivales como el FIB, luego ese 10% de internautas ¿a cuántos conciertos/festivales van cada año? ¿de qué tipo de música? Es decir, no dudo ni mucho menos de la existencia de ese 10%, pero me falta información sobre ellos.

        – Con respecto a si la música en directo “se adentra dónde no puede llegar la música grabada” he leído los dos artículos, pero me siguen surgiendo dudas. Es decir, si la música en directo llega donde no lo hace la música grabada ¿cómo explicamos casos como los de Jandek, Scott Walker, Burial, Ulver, Nick Drake o Burzum? Algunos de ellos nunca tocaron en directo y otros muy poco, pero algunos han vendido una barbaridad y otros tienen carreras discográficas muy extensas, por lo que me pregunto ¿en estos casos la música grabada llegó más lejos que la música en directo?

        Obviamente no estoy poniendo en duda estas investigaciones, que por supuesto son útiles y necesarias. Únicamente me surgen muchas dudas y me pregunto si, al igual que ocurre con otro tipo de investigaciones en ciencias sociales, se están quedando fuera muchos factores e indicadores que ayudarían a comprender la cuestión mucho mejor.

      • Hola Juanma, gracias por continuar con el debate.
        La investigación la he hecho en España ¿cuántos festivales se celebran en España en un año? ¿cuántos conciertos se celebran en un año? No puedo descender a cada caso, no es el objeto de mi estudio, pero seguro que por cada festival o concierto de aficionados “pata negra” tienes otro donde hay aficionados “sociales” es decir, los que son amantes de lo que acontece en los eventos de música en vivo, pero no tanto de la música en general. Les gusta la parte social, eso es todo.
        Dices que te faltan datos sobre el 10%. Te sugiero que explores en el blog industria musical. Allí han publicado una serie de artículos antes de los dos que te sugerí ayer y podrás entender algo mejor a ese 10%, aunque siempre te faltarán datos. Por lo menos ya tienes una estimación de su tamaño y otros investigadores podrán profundizar si es su deseo.
        Sobre la música en vivo a mi me interesa en esta investigación el punto de vista de los aficionados, no de las bandas. En los dos artículos que te comenté hablo de ello y, francamente, creo que está bastante claro lo que quiero decir con “se adentra donde no llega la música grabada”. Imagino que para ti será muy fácil distinguir las experiencias que vives en los conciertos de las que vives cuando escuchas música grabada ¿o no?. En cualquier caso, con independencia de lo que tú y yo pensemos, los datos que he recabado confirman que en los aficionados a la música hay una mayor predisposición a comprar música en vivo que música grabada. Cuando esto sucede es signo inequívoco de que otorgan un valor diferencial a la experiencia en vivo y, por eso, es menor el freno a pagar. De hecho, acaban de publicar datos oficiales diciendo que el mercado de la música en vivo ha crecido un 14% en 2013.
        Y no puedo estar más de acuerdo con tu último párrafo. Te animo a que sigamos haciendo crecer el conocimiento sobre la música en España, y si es con datos empíricos “miel sobre hojuelas”.
        Un saludo!

  4. Sergio dice:

    Me gustaría adentrarme en el tema de los amantes de la música en vivo pero no de la música grabada. Como bien dices Luismi, y de acuerdo a lo que defendí en mi anterior comentario, la asistencia a un concierto depende en muchas ocasiones más de la relación y sobre todo, diría yo, “reacción” social que generará la asistencia a estos eventos. Por reacción quiero remitirme básicamente al “qué dirán”, entendido de forma muy amplia.

    La aplicación de esta idea será diferente según el tipo de música y entorno social del asistente. La afluencia a un concierto de lo que llamaríamos música comercial (en su concepción más peyorativa), puede venir influenciada por el sentimiento de pertenencia al grupo dominante (“si ellos molan, yo quiero molar igual” o “si ellos van y yo no, me darán de lado”). Esto sería más aplicable en el caso de adolescentes, que no dejan de ser uno de los grupos consumidores potenciales de música en vivo más importantes, aunque no desprecia al colectivo de adultos inmersos en los fenómenos de masas.

    Si vamos a la puerta del Teatro Real y hacemos un somero ejercicio de observación simple, para no dejar de lado las tan importantes técnicas cualitativas, como también menciona Juanma, podremos comprobar cómo una enorme parte de los asistentes buscan reforzar su estatus, muchas veces ficticio. También podremos ver cómo se hacen la foto de turno para luego difundirla en sus redes sociales para hacer ver lo “cultos” que son. Y las comillas de “cultos” están bien escogidas, pues un sector de estas personas desconocen muchísimo sobre música, incluso sobre la que han pagado por ver.

    Pero el jazz no se queda corto. En los últimos años, donde el fenómeno “hipster” ha puesto de moda la intelectualidad, con cafés de lectura, multitud de expertos en artes escénicas y relación (para no decir consumo según el apunte de Luismi) con estilos “de más nivel” por llamarlo de alguna manera; el jazz se ha convertido en el principal foco para la nueva erudición, que no deja de ser el esnobismo de siempre a una escala mucho mayor.

    Pero sí es importante valorar la visión del músico (o del comerciante de música, porque no a todos les puedo llamar músicos), que puede influenciar también la preferencia por la música grabada o en directo. Tradicionalmente, los músicos medianamente formados, y por lo tanto los capaces de interpretar música clásica o jazz (una cosa es el esnobismo y otra la realidad de la dificultad de estos géneros), han considerado el concierto como la forma de poder demostrar su valía, además de dar una vuelta de tuerca a los temas grabados y ofrecer al público una experiencia musical de mayor calidad que el disco.

    Por otro lado, en los últimos años ha surgido un nuevo perfil de comerciante de música que prioriza la realización del disco sobre los conciertos, resultando de esto grabaciones muy complejas y con multitud de instrumentaciones imposibles de reproducir en el directo.

    Pero lo que mi condición de músico (que no comerciante de música) me permite concluir es que a un nivel muy general, casi todos coincidimos en que sería preferible regalar la música grabada a condición de llenar los conciertos. Lo que me lleva a la confrontación con la afirmación de mi primer comentario. ¿Prefiero llenar el concierto aunque sea a consta de un sector importante que desconozca mi música, o tocar ante unos pocos que valoren realmente lo que les ofrezco?

    Está claro que los grandes eventos se acercan más a la primera opción, y que las músicas “intelectuales” no son tan representativas, por lo que la estadística siempre reflejará datos más cercanos a la música más comercial (ahora sin sentido peyorativo).

    Pero para terminar, es importante el dato de que la muestra sea solo española, pues la percepción y el respeto por la música en España son muy diferentes al resto de Europa.

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